Flashes

XV Conversación Clínica del ICF-E. "Homosexuales en análisis"

19/01/2015

Flash de Soledad Bertrán

(...) la ausencia en la mujer del fetichismo que representa el caso casi manifiesto de este deseo deja sospechar un destino diferente de ese deseo en las perversiones que ella presenta.

Jacques Lacan, "Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina", Escritos 2, Barcelona, 2001, p. 713.

Respuesta de Clara Bardón

AME. Comunidad de Catalunya de la ELP. Psiquiatra

En el apartado IX de este texto en el que se encuentra el flash que se trata de comentar, Lacan plantea que en el caso de las perversiones masculinas hay un motivo imaginario y es el deseo de preservar el falo en la madre, cuyo caso más manifiesto es el fetichismo. Ese deseo tiene un destino diferente en las perversiones que presenta la mujer.

La falta se constituye en el sujeto por el lenguaje. Si la naturaleza del falo se revela en la falta de pene en la madre, es en tanto deviene significante privilegiado para indicar el punto de falta en ser del sujeto, consecuencia del agujero en lo simbólico. En esa falta se instala el falo lacaniano, entre la muralla de la fobia y el velo del fetiche en la perversión1. Las dos faltas del sujeto, en el ser y en el gozar se recubren (-φ y a)

La disimetría en la posición del niño y la niña respecto a la castración materna supone dos puntos de partida diferentes en la mujer y en el hombre que produce  resultados distintos en cuanto al deseo, el amor y el goce, por tanto también a la perversión.

La mujer, al “no tener nada que perder” tiene una relación más fluida con la castración. Parte de la privación, es decir de saber lo que no tiene y esto le permite ir a buscar lo que le falta y no vivir bajo la amenaza de castración. La metáfora fálica pasa por el ser en el lugar del tener.

Si bien el órgano adquiere para ella un valor de fetiche, no podría hablarse de un fetichismo femenino, pues en el fetichismo se mantiene la existencia del pene en la madre con el artificio imaginario de su desplazamiento mediante un objeto. Aquí la cuestión es que el hombre en el que ella va a buscar el falo, a quien dirige su demanda de amor, sirve de relevo para que la mujer se convierta en ese Otro de ella misma como lo es para él. El falo sirve allí de velo a lo que se esconde detrás: “un amante castrado o un hombre muerto (o los dos en uno)2.

Por tanto, ella no vive bajo la amenaza de la castración pero sí bajo la amenaza de la perdida de amor.

La distinta posición del hombre y la mujer en el sexo conlleva dos formas distintas en cuanto al amor: la forma fetichista y la forma erotomaníaca. La virilidad, consagrada por la castración, requiere del fetiche para cubrir la castración materna. La forma erotomaníaca en la mujer implica, en tanto la amenaza de castración no la concierne realmente, que ella tenga la exigencia de un amor incondicional.

Respecto al fetichismo, Lacan señala en este texto que ella misma asume el papel del fetiche para el hombre y a continuación presenta la particularidad de la homosexualidad femenina que, a diferencia de la masculina, no está planteada en la forma fetichista sino erotomaníaca del amor.

Desde esta perspectiva aborda la perversión femenina mediante el caso de la joven homosexual de Freud. Este caso muestra que el objeto de la joven es el padre y que lo que está en juego es su exigencia de amor al padre, escarnecida en lo real cuando el padre da un hijo a la madre. Este es el punto de partida de su homosexualidad que toma la forma del amor cortés hacia una dama. Como todo amor toma su punto de partida en la falta y consiste en dar lo que no se tiene.Pero la homosexual femenina con ello no renuncia a su propio sexo pues “es a la feminidad adonde ella dirige el interés supremo” más allá del significante fálico.

Lacan habla además en este texto del masoquismo femenino como no siendo más que un fantasma masculino.

Qué hay entonces acerca de sus perversiones?. En Televisión, tras señalar que en lo referente a los fantasmas femeninos es menos fácil responder, añade: “Ella se presta más bien a la perversión que considero que es la de El hombre. Lo cual conduce a la mascarada conocida (…) prepararse para que el fantasma de El hombre encuentra en ella su hora de verdad” (…), “hasta el punto de que no hay límites a las concesiones que cada una hace para un hombre; de su cuerpo, de su alma, de sus bienes” 3

En el encuentro sexual la mascarada femenina es un semblante, que tiene un efecto de velo sobre su posición de objeto e incluye procedimientos para mostrar al hombre que ella no tiene el falo. Procedimientos sacrificiales encarnando el no ser y el no tener.

Pero podemos añadir que por fuera del hombre que sostiene su deseo existen nuevos objetos que se precipitan en el campo del deseo para ella, objetos a que pueden cumplir la función de fetiche. La perversión en la mujer parece ser, al contrario del hombre, no a partir de la problemática fálica sino del niño en tanto objeto a.

1 Jacques Lacan, "La ciencia y la verdad", Escritos 2, Barcelona, 2001, p. 856
2 Jacques Lacan, "Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina", Escritos 2, Barcelona, 2001, p. 712.
3 J. Lacan, “Televisión”. Otros escritos. E. Paidós, Bs. As. P. 566

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