XVII Conversación Clínica del ICF-E. "Presencia del analista en la cura"

Entrevistas

Entrevista a Silvia Nieto

Silvia Nieto, psicoanalista: “Devenir analista me parece que más bien se trata de un dejarse sorprender”.

Por Marta Berenguer

Se aprende mucho de los testimonios de pase. Si además, se tiene la oportunidad de conversar con algún Analista de la Escuela (AE) para hacerle una entrevista, se aprende -si cabe- un poco más. Esta entrevista fue en privado y algunas partes de la conversación se quedarán así, off the record, cómo decimos en lenguaje periodístico. Otras, se compartirán hoy con todos ustedes.
De la conversación con Silvia Nieto aprendí varias cosas que se irán desplegando en las próximas líneas. Pero me gustaría destacar una de las más importantes: "desidealizar el pase". Sí, porque el pase, tal como lo pensó Lacan, no responde ni a un tiempo cronológico, ni a una edad, ni a un saber teórico establecido de antemano. Nada de ese calibre. Más bien es un paso sencillo: dar cuenta de la experiencia de un análisis llevado hasta el final. Un paso sencillo que no quiere decir que sea fácil de dar. En cualquier caso, una vez nombrado, a un AE le queda un largo camino para transmitir un saber a inventar. Como nos dice Lacan en Nota italiana: "naturalmente ese saber no está en absoluto cocido. Porque hay que inventarlo. Ni más ni menos, no descubrirlo". En el caso de Silvia Nieto, fue un recorrido de 21 años de un análisis empezado a los 19. Le esperan ahora tres años para inventar nuevos pasos para que el psicoanálisis avance. ¡Adelante!

Silvia Nieto
Testimonio en la sede de Madrid. ELP, jueves 26.01.2017

¿Por qué se decidió por el psicoanálisis? ¿Qué la llevo a la consulta de un psicoanalista?

Empecé el análisis en octubre del 1994. Tuve la inmensa suerte de que una analista lacaniana, en un momento en el que se me tambaleaban diversas cuestiones, me ofreció un teléfono y llamé a quien fue mi analista durante todo ese tiempo: Mercedes de Francisco. Yo en ese momento estaba estudiando psicología, pero no me creía nada de lo que me explicaban en la carrera. En el psicoanálisis encontré una beta que no estaba del lado de los dichos familiares: "cállate, estudia y créetelo", sino que apuntaba a otra cosa: "está muy bien que te lo cuestiones y que estés despierta". Así que lo tuve claro desde ese momento.

¿Recuerda la primera sesión o su primer encuentro con la analista? ¿Cómo fue? ¿Y qué de esa sesión queda al fin del análisis?

De la primera sesión no recuerdo absolutamente nada. Recuerdo cosas de la primera época, como que pasé rápido al diván. Creo que la analista captó, perfectamente, cómo se me hacía de difícil la mirada del Otro. Desde el minuto uno ya llevaba sueños y se instaló la transferencia rápidamente. Me quejaba de diferentes cuestiones, pero muy al comienzo no sabía bien a qué iba, pues creía que sí tenía malestar con algo, me tenía que aguantar y punto. Al principio del análisis también recuerdo que hubo sueños que ponían de relieve el duelo por la muerte de mi abuela, había perdido un apoyo importante. Y era, precisamente, el apoyo lo que estaba en juego desde el comienzo en la transferencia. Aunque esto lo puedo decir ahora, en aquel momento no lo sabía.

Cuenta en su primer testimonio, algunas de las declinaciones que se fueron desplegando de los significantes amo de su historia. Aparte de los múltiples sentidos de los S1 me gustaría preguntarle por el sin sentido de esas palabras que comandaron su vida. ¿Qué nos podría decir de los sin sentidos en su experiencia analítica?

En los significantes estaban abrochados el sentido, las significaciones, el pathos. Ahí, ¡bien cargadito de pathos! Y llega un momento en que todo eso se empieza a diluir, todos esos decires van perdiendo peso y te das cuenta de que lo que estabas achacando al Otro lo estabas haciendo consistir tú. Llega un momento en que es absolutamente irrisorio, no crees más en los S1. Quedaban como semblantes a usar precisamente porque no crees en ello.
De la época del final, respecto a este punto, puedo decir, que  llegado un momento, para mí es como si se fueran cayendo trozos cada vez más grandes de sentido, de significaciones, e ir cada vez agrandando el agujero hasta topar con su límite, con la inexistencia del Otro. Me sucedieron dos cuestiones en este momento: cada palabra que escuchaba tenía que buscarla en el diccionario, y por otro lado, me esforzaba por encontrar un significante nuevo. Esto tenía lugar a medida que el agujero en los S1 iba creciendo, en la medida en que se iban diluyendo las significaciones. Allí donde me topaba con la inexistencia del Otro, el intento de un significante nuevo, no era otra cosa en aquel momento, que un intento desesperado de hacerme con otra identificación para que taponara y contuviera lo que emergía, y que presentaba cada vez de modo más acuciante: el acontecimiento de cuerpo.

Su análisis dura veintiún años. ¿Cómo se llega al fin de un análisis y qué efectos tiene?

Me costó hacerlo, pero se trató de un trayecto, que como he comentado en el segundo testimonio, fue paso a paso, en donde algunos de los pasos estaban articulados a diferentes acontecimientos de Escuela, e iba poco a poco saliendo de diferentes momentos de impasse. Se trataba de dar el paso de finalizar la experiencia analítica, y tomar a tu cargo lo que estaba en juego en la transferencia.
Estoy advertida de lo que hace a mi singularidad, de lo que hay y lo que no hay. Con lo que sí que hay, es con lo que bordeo el agujero de lo que no hay. También he podido comprobar que ante las diferentes presentaciones que vengo realizando en público, un consentimiento al acontecimiento de cuerpo de la mano de una nueva satisfacción me acompañan. Hay otro uso de la voz, un tomar la palabra en nombre propio ante la mirada de los otros.

Y del fin de análisis, al pase… otra elección, pues terminar un análisis no tiene porqué ser condición de hacer una demanda de pase, o no de inmediato. ¿Por qué decide dar este paso?

Para mí, el paso a paso es algo muy importante. Está presente desde los once años salir de impasses, poder avanzar, moverme. El final del análisis fue un poco así: dar un paso al frente ante el que no hubiera marcha atrás, por un camino desconocido. El pase siempre estuvo en el horizonte, pero por diferentes cuestiones me resultaba inviable, era algo que lo pensaba para dentro de muchísimos años. Al finalizar el análisis se me anudaba claramente con el agujero y el pase. Así que cuando surgió el deseo de hacer el pase, lo tome y fui con todas las consecuencias. Si no lo tomaba en esa inmediatez, sabía que era algo que se podía cerrar.

La Conversación Clínica de este año se titula "Presencia del analista en la cura". ¿Qué nos podría decir usted sobre dicha presencia, terminado su análisis? ¿O cómo ha cambiado su praxis?

Hay muchas cosas que han cambiado desde el comienzo, uno de los próximos testimonios lo dedicaré a esto. Fueron cambiando poquito a poco. No sé si podría dar mucha cuenta de un gran cambio entre el último año de análisis, y después. Con relación a la presencia del analista, vengo pensando algunas cosas que me han surgido al confrontar cuestiones de mi práctica. Por un lado, desde hace tiempo venía trabajando algo que Lacan dice en La tercera: "para encarnar el objeto causa hay que tener condiciones". ¿A qué se refiere Lacan con eso? ¿De qué condiciones habla? Esta era mi pregunta. Creo que de algún modo comencé a responderme al leer un texto de Jacques-Alain Miller donde habla de que "la disciplina del analista es quizás aprender a ser sin sabor propio, de manera que el paciente pueda experimentar los sabores de su vida paladeando al analista". Añade además que "lo soso podría ser el ideal del analista". Lo que escribe Miller me hace pensar hasta qué punto uno puede llegar a lo soso que plantea como el ideal del analista, me pregunto si algo del acontecimiento de cuerpo, de lo incurable, del estilo, irreductibles, por mucho que uno sepa hacer con eso, es lo que hace de límite para poder hacer resonar -o no- ciertas cuestiones de algunos analizantes, para poder estar en la buena posición para un paciente en concreto. Creo que hay pacientes para los que nunca vas a poder estar en la buena posición. La posición del analista se encarna en un cuerpo. Hay algo de ese cuerpo incurable, hay algo de un estilo irreductible, por mucho que uno sepa hacer con eso, eso hace a unos límites. Por tanto, la posición del analista es ocupar el lugar del objeto causa, pero también hay que tener en cuenta los puntos de imposible, esas vías por las que uno no puede pasar de ningún modo. Así que hay con quienes uno puede consentir a dejarse paladear con sus sabores, como dice Miller empleando esa metáfora, pero hay otros en los que uno puede decir: "¡no, a eso no me presto!". Me parece que eso tiene que ver con los puntos de imposible para cada uno y que ha podido dilucidar en su experiencia analítica. Por eso hay analistas, uno por uno. El cambio de posición de analizante a analista puede devenir en un análisis, pero esa posición se encarna con un cuerpo.

Para terminar, me gustaría preguntarle, ya que no es demasiado habitual encontrar Analistas de la Escuela de su edad, ¿cuál ha venido siendo su experiencia hasta ahora en la comunidad psicoanalítica?

Nunca pensé los efectos que podría tener mi nominación y he encontrado reacciones diversas. Igual está siendo interesante cómo voy haciendo con eso. Creo que Lacan planteó el pase por varios motivos, uno de ellos era para que también la gente joven diera cuenta de su análisis, y para no quedar anclados en el saber, manteniendo abierta la pregunta de qué es un analista, qué es un fin de análisis etc. El devenir analista no tiene que ver con saber, -otra cosa es el estudio y la importancia de la formación continuada, el cuerpo teórico- pero me parece que más bien se trata de un dejarse sorprender. He recibido comentarios muy interesantes de personas de mi generación que quizás tenían muy idealizado y muy lejana la cuestión del pase. Para mí, lo que viene a nombrar el pase es que uno ha constatado el agujero, y da cuenta de los modos de bordearlo. Así que si puedo poner mi granito de arena para hacer más cercano el pase, como me han comentado, como una experiencia en la que poder dar cuenta de lo que ha sido tu experiencia analítica, de lo que ha podido cambiar, de lo que no, y de cómo ha cambiado tu posición para devenir analista al final del análisis, ¡estupendo!


Silvia Nieto es psicoanalista en Madrid, miembro de la ELP y la AMP, nombrada AE en Septiembre de 2016.

Marta Berenguer es periodista, socia de la sede de Barcelona de la Comunidad de Catalunya de la ELP.